Hay
mitos que podríamos llamar urbanos -a falta de mejores términos- que se fundan en el desconocimiento: hacen de lo incomprensible lugar de manifestación de fuerzas ocultas, de poderes divinos, de potencias ignotas, presuntamente conocidas y manejadas por unos pocos, y alienadas para el común de los mortales: es lo que le sucede a algunos psicoanalistas con la matemática, por ejemplo, para quienes el álgebra o la lógica son el abrevadero de un saber excluyente (puramente terminológico) del cual ellos, los iniciados, son los únicos usufructuarios (alguna vez escribí sobre esto en un artículo: "
Lacan y las matemáticas: de la carta robada a la compacidad del goce"). Pero no voy a abundar aquí en los avatares de mi mitología personal, ni voy a comentar el viaje a Cuba que, hace diez años, cambió mi visión del mundo en lo que tiene que ver con mis propios fantasmas mitológicos: eso lo publicaré
En mi blog. Quiero hacer sólo un comentario acerca de
Dramática y del significado que para algunos tiene la teoría de Melanie Anne Phillps y Chris Huntley en el estudio del guión: un abstruso sistema que, según ellos, puede todo, poco se entiende, y no explica nada. A veces sucede con la teoría de marras lo que sucede con otros territorios propicios para la mitificación: que es admirada por muchos
por desconocimiento, y excecrada por muchos otros,
por ignorancia (como sucede, por ejemplo, con algunos estudios teóricos de cine, véase "
Del Análisis Fílmico y Cinematográfico y otros disparates"). Total, que en estos casos lo que hay es que ponerse a consultar uno mismo las fuentes, sin prejuicios y sin complejos, para llegar a la conclusión de que todo saber es necesario y ningún saber es suficiente.